Conclusión

La gente suele suponer que Internet siempre estará allí; siempre encendida, satisfaciendo nuestras necesidades en un mundo digital rápidamente cambiante. Sin embargo, la realidad parecería no condecir con esta idea.

A través de las múltiples voces y perspectivas reflejadas en este informe, hemos visto cómo quienes están más estrechamente vinculados con el origen, el crecimiento y el desarrollo de Internet no están seguros o incluso temen por su futuro. Saben que no hay garantías sobre lo que vendrá, solo preguntas que necesitan respuestas. Están convencidos de que, si las generaciones futuras han de a seguir teniendo la posibilidad de interactuar con el mundo digital, entonces debemos ser mucho más conscientes del camino que estamos creando hoy para la Internet del mañana.

Una de las principales ambiciones de este proyecto ha sido ilustrar estas incertidumbres en torno al futuro de Internet. Lo hemos hecho observando las interdependencias que existen entre los principales motores de cambio y lo que significan para algunos de los aspectos más importantes de nuestra sociedad. Desde la evolución de los mercados hasta la ciberseguridad, pasando por la relación entre las nuevas tecnologías y las acciones de los gobiernos, los posibles resultados son tan variados como inciertos.

De hecho, aunque nada es seguro, el proceso de encuestar y entrevistar a la comunidad puso de manifiesto una serie de temas decisivos. Tres de estos temas destacan por encima de los demás.

1. El optimismo y la desilusión existen en igual medida

Existe la sensación general de que, aunque Internet sigue ofreciendo grandes oportunidades y que muchos, especialmente en los países en desarrollo, ven a Internet como un importante medio para empoderar a las comunidades, también hay una fuerte sensación de desilusión con respecto a lo que trae Internet. La herramienta que, en palabras de un participante, “se suponía que iba a democratizar la sociedad” se está utilizando ahora como un medio para su control. Esta desilusión se siente aún más profundamente en los países desarrollados, donde Internet está a punto de cambiar significativamente debido a las nuevas tecnologías y los persistentes desafíos en materia de seguridad.

2. Debemos reevaluar lo que creemos saber

Hemos aprendido que ya no podemos permitirnos el lujo de pensar en Internet y sus oportunidades y desafíos de la forma en que solíamos hacerlo. Las tecnologías como la Internet de las Cosas y la Inteligencia Artificial redefinirán la forma en que entendemos el mundo que nos rodea, cambiarán las economías y las sociedades de formas sin precedentes, y requerirán de nuevas formas de pensar, nuevos enfoques y nuevos modelos para abordar una variedad de temas emergentes.

3. Primero están las personas

El tercer tema —y ​​quizás el más importante— que surge de las respuestas es el imperativo de poner al ser humano, al usuario, en primer lugar.

Ante todo, existe una convicción inquebrantable de que Internet debe seguir beneficiando a las personas y creando nuevas posibilidades sociales y económicas, cumpliendo así la premisa sobre la que se construyó. La hiperconectividad promete dar nueva forma a los negocios, servicios públicos y otras entidades a través de mayores eficiencias, inmediatez, alcance y entrega. A medida que la recopilación, el análisis y el uso de los datos se vuelvan más completos y efectivos, podemos esperar un cambio revolucionario en la salud, la educación y otros servicios, aunque nada de esto tendrá valor si no son las personas quienes se benefician.

Este informe nunca se propuso predecir el futuro. Más bien, al escuchar las opiniones de quienes forman parte de la comunidad global de Internet, sirve como un indicador de la amplia gama de posibilidades que existe. Ya sea entendiendo el futuro como una abrumadora serie de “efectos dominó” o como un tablero de ajedrez donde solo hay lugar para acciones y reacciones, ninguna realidad actual nos permite comprender plenamente el futuro. Las incógnitas sobre el desarrollo tecnológico y las acciones de las diversas partes interesadas son determinantes aún no definidos de la Internet del mañana.

Sin embargo, lo que es cierto es que hay mucho por hacer para que Internet siga siendo abierta, globalmente conectada y segura. Estos principios básicos que han permitido que Internet prospere como una herramienta para el empoderamiento humano han permitido que las personas se conecten, compartan, innoven y mejoren sus vidas. A lo largo de este proyecto, ha quedado claro que la gente está mirando el futuro de Internet a través de esta lente. En última instancia, todos vuelven a una visión donde se preserva la capacidad de Internet de promover el empoderamiento humano.

Lograr esta visión en los años venideros depende de la acción colectiva. Necesitamos una mentalidad diferente que nos ayude a pasar de gestionar las disrupciones que afectan lo que conocemos hoy a inventar nuevos marcos para anticipar y gestionar lo que vendrá. Para hacerlo, debemos dialogar y tomar decisiones de forma inclusiva y pensar juntos sobre el futuro. De hecho, puede que las soluciones a los cambios que están ocurriendo hoy en día en nuestras sociedades no sean evidentes porque todavía no hemos hecho el trabajo necesario para adaptarnos a las circunstancias actuales.

El futuro de Internet nos pertenece y solo nosotros podemos darle forma. Una forma de empezar sería tomar decisiones que preserven los valores sobre los cuales se sustenta la Internet tal como la conocemos hoy.